Cuando hablamos de inteligencia emocional nos referimos a la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo y en los demás. La inteligencia emocional no consiste en dejar de tener emociones, sino en reconocerlas, dirigirlas y equilibrarlas con la razón.

¿Qué es la inteligencia emocional?

En 1983, Howard Gardner, profesor de la Universidad de Harvard, planteó que las personas no tenemos una sola inteligencia, sino varias formas de relacionarnos con el mundo. Dos de ellas son la inteligencia intrapersonal y la interpersonal.

En 1990, los psicólogos Peter Salovey y John Mayer introdujeron el término inteligencia emocional en la literatura científica. Años después, Daniel Goleman, psicólogo y periodista del New York Times, difundió el concepto en todo el mundo con su libro La inteligencia emocional (1995).

Qué implica reconocer las propias emociones

La inteligencia intrapersonal se refiere al conocimiento de uno mismo y a los procesos relacionados con él, como la autoconfianza y la automotivación. Reconocer las propias emociones es el punto de partida. Una emoción es un estado afectivo, una reacción a lo que ocurre a nuestro alrededor, que se acompaña de cambios en el cuerpo. El miedo, la sorpresa, el desagrado, la ira, la tristeza y la alegría suelen mencionarse entre las emociones básicas.

Las emociones se relacionan con los pensamientos, es decir, con la manera en que valoramos un hecho o una situación. La forma en que interpretamos lo que nos pasa, de manera constructiva o destructiva, influye directamente en cómo nos sentimos.

Qué significa comprender las emociones de los demás

La inteligencia interpersonal implica la capacidad de establecer relaciones con otras personas. Comprender las emociones de los demás supone prestar atención a sus señales emocionales y ponerse en su lugar. Ahí está la empatía, base para desarrollar el autocontrol y la tolerancia.

¿Qué habilidades componen la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional genera competencias de autoconocimiento que permiten desarrollar actitudes y aptitudes para relacionarnos con los demás. El modelo de Mayer y Salovey describe cuatro habilidades principales.

Identificación y comprensión emocional

Regulación emocional y empatía

Regular las emociones no significa reprimirlas. Significa aprender a expresarlas de una forma que respete tanto lo que uno siente como lo que sienten los demás.

¿Por qué es importante en la infancia y la escuela?

Durante muchos años, la educación tradicional se centró en los aspectos cognitivos y se enfocó en transmitir conocimientos, dejando de lado las emociones. Hoy se reconoce que el aspecto emocional es tan importante como las habilidades intelectuales.

El aprendizaje emocional debería estar presente desde los primeros años de vida. Todos los intercambios que los niños tienen con sus padres, sus maestros y otras personas llevan mensajes emocionales, y la infancia es una etapa especialmente favorable para el desarrollo cognitivo y afectivo. Trabajar estas competencias en niños y adolescentes los ayuda a guiar sus pensamientos y a reflexionar sobre sus emociones.

Comunicación y resolución de conflictos

Un niño que aprende a reconocer y gestionar lo que siente puede comunicarse de forma más efectiva, activa y empática. También puede expresar lo que necesita con asertividad y manejar sus emociones a la hora de resolver un conflicto.

Participación y vínculos en el aula

Cuando un niño se siente seguro para expresar lo que siente, puede participar con más confianza, aprender de sus errores y desarrollar mejores habilidades sociales. La educación emocional también favorece el respeto a la diversidad y la tolerancia hacia otras formas de pensar.

Cómo acompañar el desarrollo emocional en casa

La familia es el primer espacio donde los niños aprenden a relacionarse con sus emociones. Algunas pautas sencillas pueden ayudar en el día a día.

Escuchar y nombrar emociones cotidianas

Dedica momentos del día a conversar sobre cómo se sintieron y ayúdalos a poner nombre a lo que sienten, por ejemplo: “parece que estás frustrado porque no te salió el dibujo”. Ponerle palabras a una emoción es el primer paso para comprenderla. Los adultos también podemos contar cómo nos sentimos y qué hacemos cuando algo nos molesta.

Acompañar sin invalidar lo que siente el niño

Frases como “no llores” o “no es para tanto” pueden hacer sentir al niño que lo que le pasa no importa. Es más útil reconocer la emoción, acompañarla con calma y, cuando pase, conversar sobre qué se puede hacer la próxima vez. Todas las emociones son válidas; lo que se aprende es a expresarlas de forma adecuada.

Cómo trabajar la educación emocional en el colegio

La educación emocional puede integrarse en el currículo escolar y en las actividades cotidianas como un aprendizaje transversal. Cada vez más maestros reconocen la necesidad de que los niños desarrollen competencias emocionales para regular lo que sienten.

Juegos de roles, diálogo y reflexión

Las estrategias para educar en emociones en el aula incluyen juegos, dinámicas de reflexión, lecturas, juego de roles, solución de conflictos, diálogos democráticos y mesas redondas donde se fomente la escucha activa. Todos estos recursos dan a los niños la confianza necesaria para expresar lo que sienten.

Acuerdos de convivencia y acompañamiento docente

La escuela es uno de los escenarios donde los niños tienen la oportunidad de comunicarse y expresarse. Construir acuerdos de convivencia en conjunto y contar con docentes que acompañen de cerca ayuda a que el aula sea un espacio seguro para hacerlo.

En el Colegio Brüning, el vínculo afectivo y el desarrollo emocional están en el centro de nuestra propuesta pedagógica, el Método Afectivo-Creativo. Conoce más en nuestra Propuesta Educativa.

✍: Alicia Montenegro – Maestra y Fundadora, y Miluska Sánchez