Hablar de límites y conducta en niños es hablar de cómo acompañarlos para que aprendan a convivir. La educación emocional permite que el niño enfrente los problemas de su vida de forma adecuada: lo hace capaz de manejar sus pensamientos, cuidar sus emociones, fortalecer su fuerza de voluntad, aumentar su autoestima y entender sus sentimientos y los de los demás.
Qué diferencia hay entre control, límites y guía
Cuando un niño no tiene límites claros, puede sentirse como si anduviera sin rumbo, sin dirección y sin normas básicas para la convivencia, y eso le dificulta relacionarse con los demás. Pero poner límites no es lo mismo que controlar: se trata de guiar.
Límites consistentes y contención respetuosa
En los últimos tiempos todo ha cambiado rápidamente, y los adultos tampoco somos los mismos. Aun así, es responsabilidad de los adultos acompañar al niño para que aprenda a regularse. La contención que se le brinde hará que el niño se regule, se sienta protegido, guiado y a gusto consigo mismo.
Algunos padres creen que, si su hijo tiene un diagnóstico como el TDAH, ya no se le pueden poner límites. Es justo al revés: en esos casos es aún más importante darle herramientas y ser ese apoyo firme que lo ayude a regularse.
Por qué una conducta necesita contexto
Una conducta difícil no define a un niño. Antes de etiquetarlo como «sin control», vale la pena preguntarse qué está pasando.
Cansancio, cambios, necesidades y entornos
Muchas situaciones pueden influir en la conducta: el cansancio, el hambre, un cambio en la rutina, una mudanza o la llegada de un hermano. También influyen algunos hábitos del entorno:
- Ceder siempre por miedo a decir «no»: el deseo constante de agradar a los hijos puede hacer que les cueste aceptar los límites.
- El uso excesivo de la tecnología: pasar mucho tiempo frente a las pantallas reduce el tiempo de juego activo y movimiento, que ayuda a la autorregulación.
- Negociar todo: cuando a cambio de una actitud positiva siempre se dan premios materiales, el niño incorpora la negociación más que la norma.
Cuando las reglas no son consistentes, pueden aparecer dificultades en la relación con otros niños, en el aprendizaje, poca tolerancia a la frustración y desgaste en la relación familiar.
Cómo establecer límites comprensibles
Una intervención oportuna puede marcar la diferencia.
Reglas breves y anticipación
- Poner las reglas con claridad: usar frases cortas y claras, acercarse al niño (tomarlo de las manos) y buscar su mirada al darle la indicación.
- Anticipar: acordar previamente las reglas y sus consecuencias, y cumplir lo que se dijo.
Acompañar la regulación en lugar de humillar
- Brindar tiempo de juego activo: la actividad física, mejor aún en juegos grupales donde hay que respetar reglas, ayuda a los niños a canalizar su energía. El contacto, los abrazos y el juego también los ayudan a calmarse.
- Facilitar momentos en la naturaleza: las áreas verdes generan tranquilidad.
- Practicar un deporte: como natación, artes marciales, tenis, ciclismo o yoga, que ayudan a trabajar la respiración y la calma.
Corregir con respeto, sin gritos ni humillaciones, enseña al niño que puede equivocarse y volver a intentarlo.
Qué hacer ante conflictos repetidos
Si las dificultades se repiten, conviene no enfrentarlas solos.
Coordinación con docentes y cuidadores
Conversar con los docentes y con quienes cuidan al niño permite acordar reglas y respuestas coherentes en todos los espacios. Cuando todos los adultos van en la misma dirección, el niño entiende mejor lo que se espera de él.
Cuándo solicitar evaluación profesional
Si los conflictos son muy frecuentes, afectan su aprendizaje o sus relaciones, o generan mucho malestar en la familia, es recomendable buscar la orientación de un profesional que pueda evaluar la situación con cuidado.
Cómo combinar afecto y estructura
Es importante que el niño se sienta amado, y que cada valor, regla y norma que queremos enseñarle se transmita con amor. Como plantea el escritor Álex Rovira en su artículo «Niños sin límites», todos necesitamos conocer nuestros propios límites y los de la convivencia con los demás, y quizá debamos recuperar palabras como respeto, responsabilidad, esfuerzo, diálogo, paciencia y generosidad, conversarlas con nuestros hijos y llevarlas a la práctica.
Ajustes personalizados sin juicios sobre familias
Cada niño y cada familia son distintos. No hay una receta única: se trata de encontrar el equilibrio entre afecto y límites que funcione para cada uno. Revisa también nuestro artículo sobre disciplina positiva.
En el Colegio Brüning combinamos el vínculo afectivo con límites claros, acompañando a cada niño según sus necesidades. Conoce más en nuestra Propuesta Educativa.
✍: Sofía Jurado – Profesora de primaria