Hoy la misión de la escuela no se centra solo en enseñar una cantidad determinada de conocimientos de matemáticas, lenguaje o ciencias, sino, ante todo, en lograr que los estudiantes aprendan a aprender. Para que un alumno alcance autonomía intelectual, es necesario desarrollar destrezas de orden superior, como el pensamiento crítico en niños y jóvenes.
¿Qué es el pensamiento crítico infantil?
El pensamiento crítico es la capacidad de analizar la información, evaluar las razones detrás de una idea y formarse una opinión propia. Según Matthew Lipman, un importante investigador en pedagogía, es fundamental estimular en el aula un pensamiento «rico conceptualmente, coherentemente organizado y persistentemente exploratorio».
Preguntar, comparar y justificar una opinión
En los niños, el pensamiento crítico se ve cuando preguntan «¿por qué?», cuando comparan dos ideas antes de elegir una y cuando pueden explicar las razones de lo que piensan.
Por qué importa para aprender y decidir
El desarrollo del pensamiento crítico ayuda a los alumnos a tomar mejores decisiones y a resolver problemas. Un estudiante que lo desarrolla puede analizar, producir ideas, ponerlas en contexto y distinguir con criterio.
Distinguir hechos, interpretaciones y opiniones
Una parte importante del pensamiento crítico es saber diferenciar un hecho («hoy llovió») de una interpretación («por eso hay tráfico») y de una opinión («los días de lluvia son aburridos»). Esta habilidad es clave para la autonomía intelectual y, cada vez más, para entender la información que circula en internet.
Actividades de pensamiento crítico para estudiantes
INED21, un medio especializado en educación de España, propone algunas técnicas para fortalecer el pensamiento crítico en los estudiantes.
Preguntas abiertas sobre cuentos y noticias
- Hacer preguntas que estimulen la curiosidad: «¿Qué pasaría si…?», «¿Cómo es posible que…?», «¿Qué harías tú en ese caso?», «¿Qué saben acerca de…?». También preguntas de reflexión que ayuden a aclarar los conceptos más importantes.
- Usar el método socrático: hacer preguntas y organizar debates sobre temas que generen distintas opiniones.
- Hablar menos para que los alumnos piensen más: hacer pausas en la clase para que trabajen y reflexionen sobre lo que se ha visto.
Comparar soluciones y fuentes sencillas
- Usar gráficos como introducción a un tema.
- Exponer distintos puntos de vista sobre un mismo tema: por ejemplo, un mismo hecho contado por distintos personajes o, con los mayores, un conflicto histórico visto desde cada uno de los bandos.
- Fomentar el trabajo colaborativo en grupos pequeños, donde además de hacer la tarea tengan que describir sus objetivos, explicar qué estrategias usaron y cómo resolvieron sus problemas.
Cómo dialogar sin penalizar el desacuerdo
Para pensar críticamente, los niños necesitan sentirse seguros para preguntar y opinar distinto.
Justificar ideas y cambiar de opinión
- Activar la participación de todos, por ejemplo con una técnica de «participación al azar»: escribir los nombres en tarjetas e ir sacándolas para que cada uno conteste, pregunte o comente.
- Fomentar la escucha activa: pedir a un alumno que resuma con sus palabras lo que dijo un compañero.
- Valorar las razones, no solo la respuesta: y mostrar que cambiar de opinión ante un buen argumento también es pensar críticamente.
Cómo acompañarlo desde casa
En casa también hay muchas oportunidades para practicar el pensamiento crítico.
Tomar decisiones con razones explicadas
Cuando la familia toma una decisión, como elegir un paseo o un plan para el fin de semana, se puede invitar a los niños a dar razones a favor y en contra. Conversar sobre un cuento, una película o una noticia preguntando «¿tú qué opinas?, ¿por qué?» también ayuda. Te contamos más ideas en nuestro artículo sobre autonomía en niños.
Conoce cómo lo trabajamos en el Colegio Brüning en nuestra Propuesta Educativa.
✍: Jennifer Mancilla – Profesora de Historia