Resolver problemas, pensar con estrategia, trabajar en equipo y comunicarse bien son habilidades que se apoyan en las funciones ejecutivas: los procesos que nos permiten adaptarnos al entorno y alcanzar metas. La buena noticia es que se pueden practicar desde pequeños, y el juego es una de las mejores herramientas. En este artículo reunimos actividades para trabajar funciones ejecutivas en niños, en casa y en el aula.
Si todavía no tienes claro qué son, te recomendamos leer primero nuestro artículo sobre la importancia de las funciones ejecutivas.
Antes de empezar: qué actividades son apropiadas
Algunos autores proponen trabajar las funciones ejecutivas por edades. Sin embargo, es más útil partir de las necesidades de cada niño, porque su desarrollo depende más de su madurez que de una edad exacta. Dos niños de la misma edad pueden necesitar retos muy distintos.
Seleccionar un objetivo y observar la respuesta
Elige una habilidad para practicar, como esperar el turno, recordar instrucciones u organizar una tarea, y busca un juego que la ponga en práctica. Luego observa cómo responde el niño: si se aburre, sube un poco la dificultad; si se frustra, simplifica. Lo importante es que se divierta mientras practica.
Juegos para practicar el control inhibitorio
El control inhibitorio es la capacidad de frenar un impulso para actuar de forma más adecuada. Estos juegos lo ejercitan de forma divertida.
Semáforo y turnos de espera
- El semáforo: cuando dices «verde», los niños caminan o bailan; con «amarillo», van más lento; con «rojo», se quedan quietos como estatuas.
- Juegos de mesa por turnos: esperar su momento para tirar el dado o mover la ficha es una práctica sencilla de autocontrol.
Cambiar la respuesta ante una señal
Los juegos de respuesta rápida, como «Simón dice» o el juego de cartas «nervioso», obligan al niño a prestar atención, recordar qué regla aplica y frenar la respuesta automática. Para aumentar el reto, se puede cambiar la regla a mitad del juego: por ejemplo, ahora solo vale cuando no se dice «Simón dice».
Actividades para memoria de trabajo y atención
La memoria de trabajo nos permite mantener información en la mente mientras la usamos. Estas actividades la ponen en práctica.
Seguir instrucciones por pasos
Da al niño consignas con dos o tres pasos («trae tu cuaderno, ponlo sobre la mesa y saca un lápiz rojo») y ve aumentando la cantidad a medida que lo logre. También funcionan los juegos de imitación, como el de las palmadas: el adulto marca un ritmo y el niño debe repetirlo. Se puede jugar en cualquier momento, incluso en el carro.
Recordar y reorganizar secuencias
- Juegos de memoria: encontrar parejas de cartas o recordar dónde se ubicaban ciertos objetos.
- Adivinanzas y juegos de preguntas: exigen recordar las pistas anteriores mientras se descartan opciones.
- Repetir al revés: decir una secuencia de números o palabras y pedir que la repita en orden inverso.
Ejercicios para planificación y flexibilidad
Planificar es organizar los pasos para llegar a una meta; la flexibilidad cognitiva es poder cambiar de estrategia cuando algo no funciona.
Organizar una tarea por etapas
Las tareas de la casa son una gran oportunidad. Preparar la maleta para un viaje o la lonchera para el colegio ayuda a planificar, organizar y recordar, además de enseñar responsabilidad. Los rompecabezas, laberintos, crucigramas, sudokus y juegos de estrategia también invitan a elaborar un plan y ajustarlo según avanza el juego. El tipo de juego y la cantidad de pasos deben adaptarse a la madurez y los gustos del niño.
Cambiar reglas y probar otra estrategia
Los juegos de combinación trabajan la flexibilidad: pide al niño que ordene un mazo de cartas por colores, luego por números y después por palos. Cambiar el criterio lo obliga a dejar atrás la regla anterior.
Ten en cuenta que practicar un juego mejora, sobre todo, la habilidad para ese juego. Por eso conviene variar las actividades y llevar estas habilidades a situaciones reales del día a día.
Cómo adaptar las actividades al niño y al contexto
No hay una actividad que funcione para todos. Observar, ajustar y acompañar es parte del proceso.
Ajustar dificultad sin frustración
Empieza con retos que el niño pueda lograr y aumenta la dificultad poco a poco. Reconoce el esfuerzo y no solo el resultado. Si usan aplicaciones o juegos digitales, que sea bajo supervisión de un adulto y con un tiempo limitado: las actividades con otras personas y con objetos reales suelen ser más ricas.
Cuándo pedir orientación educativa
Si notas que tu hijo tiene dificultades persistentes para organizarse, recordar consignas o controlar sus impulsos, y eso afecta su día a día en casa o en el colegio, conversa con sus docentes. Juntos pueden revisar qué apoyos necesita y, si hace falta, buscar la orientación de un especialista.
En el Colegio Brüning acompañamos el desarrollo de cada niño según su ritmo y sus necesidades. Conoce más en nuestra Propuesta Educativa.
✍: Equipo Colegio Brüning