«¡Al colegio vas a aprender, no a jugar!» Es una frase que muchos escuchamos de niños y que hoy está desactualizada. La neuroeducación, que busca aprovechar lo que sabemos sobre cómo funciona el cerebro para mejorar la enseñanza, nos invita a mirar el juego, el arte y el movimiento como parte del aprendizaje y no como un descanso de él.
¿Qué es la neuroeducación?
La neuroeducación consiste en usar los conocimientos actuales sobre el funcionamiento del cerebro para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Uno de sus conceptos centrales es la neuroplasticidad, también conocida como plasticidad cerebral: la capacidad del cerebro de cambiar, modelarse y aprender a partir de la actividad que la persona realiza.
Es importante saber también qué no es. La neurociencia no ofrece recetas mágicas ni fórmulas que funcionen igual con todos los niños. Muchos hallazgos vienen de estudios en contextos específicos y deben llevarse al aula con criterio.
Qué aporta la neurociencia al trabajo docente
Más que dar respuestas definitivas, la neurociencia ayuda a los docentes a revisar costumbres educativas. Con su llegada, los maestros tenemos que estar dispuestos a desaprender algunas prácticas para seguir mejorando el proceso de enseñanza-aprendizaje. Cuando a uno le apasiona lo que hace, aprender y desaprender no cuesta esfuerzo si con eso beneficiamos a nuestros alumnos.
Por qué aprender jugando puede ser útil
En los niños, sobre todo en los más pequeños, el juego se relaciona con el desarrollo de las funciones ejecutivas, como la atención, la memoria de trabajo y el autocontrol. Además, el juego ayuda a formar niños prosociales, capaces de interactuar con otros de forma positiva.
Curiosidad, participación y práctica
En los niños más grandes, el juego despierta la curiosidad, mantiene la atención y facilita el aprendizaje. La gamificación es una técnica que lleva la mecánica de los juegos al ámbito educativo para aprender de manera divertida. En ella los errores se ven como parte del proceso, y la posibilidad de corregirlos mantiene a los estudiantes motivados y refuerza la confianza en sus habilidades. Profundizamos en este tema en nuestro artículo sobre la importancia del juego en la educación.
El arte como experiencia de aprendizaje
La educación artística, sea plástica, musical o teatral, muchas veces fue marginada en el pasado. Hoy se reconoce como una fuente de habilidades sociales, emocionales y cognitivas.
Expresión creativa y participación
Las actividades artísticas invitan a los niños a explorar, expresar lo que sienten y concentrarse en un proyecto propio. La interacción durante la práctica del teatro o del baile también favorece habilidades blandas como la empatía y la cooperación. Encuentra más ideas en nuestro artículo sobre educación artística y creatividad.
Movimiento y ejercicio durante la jornada escolar
Hace algunos años pocos imaginaban que la actividad física pudiera relacionarse con el aprendizaje. Hoy sabemos que el ejercicio regular ayuda a reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo, dos condiciones que favorecen la disposición para aprender.
Pausas activas y bienestar
Algunas investigaciones sugieren que hacer pequeñas pausas con actividad física durante las clases puede ayudar a los alumnos a recuperar la concentración. Moverse unos minutos, estirarse o cambiar de posición son recursos sencillos que se pueden incorporar a la rutina del aula.
Condiciones para adaptar actividades al grupo
No todas las actividades funcionan igual con todos los grupos. La edad, el espacio disponible, el momento del día y las necesidades de cada niño determinan qué tipo de movimiento conviene. La clave está en observar al grupo y ajustar.
Emociones, novedad y cooperación en clase
La neuroeducación también señala tres aspectos que hacen la diferencia en el día a día del aula: las emociones, la novedad y el aprendizaje con otros.
Un ambiente emocionalmente seguro
Las emociones sí importan. Mantienen la curiosidad de los niños y participan en el razonamiento y la toma de decisiones. Las emociones positivas facilitan la memoria y el aprendizaje, mientras que el estrés constante dificulta la concentración.
Los niños llegan al colegio con un estado de ánimo que depende de muchas cosas. Por eso, los maestros deben saber «leer» el estado emocional de sus alumnos y responder con expresiones afectivas que les den seguridad, confianza y un ambiente armónico.
Experiencias variadas y aprendizaje cooperativo
Repetir es parte de aprender, pero la repetición sola puede volverse tediosa y hace difícil mantener la atención. Las experiencias novedosas ayudan a captar el interés de los alumnos y a que lo aprendido se recuerde mejor. Un docente activo, que se mueve por el aula, varía la entonación y alterna actividades, ayuda a sostener esa atención.
Además, los humanos somos seres sociales. La escuela no solo sirve para adquirir conocimientos, sino también para aprender a convivir. Por eso conviene fomentar el trabajo cooperativo, enseñar que la competencia es con uno mismo y entrenar desde pequeños las habilidades blandas: comunicación, empatía, motivación y actitud para relacionarnos con los demás.
En el Colegio Brüning centramos la educación en el niño, entendiéndolo como un ser social y emocional, y buscamos que el proceso de enseñanza-aprendizaje se adecúe a la individualidad y al estilo de cada estudiante. Conoce más en nuestra Propuesta Educativa.
✍: Alicia Montenegro – Maestra y Fundadora