La resiliencia es una palabra que escuchamos cada vez más. Pero ¿qué es exactamente? ¿Se puede aprender y, por lo tanto, se puede acompañar en los niños? La respuesta es sí, y en este artículo te contamos cómo.
¿Qué es la resiliencia?
La resiliencia es la capacidad de las personas para afrontar situaciones difíciles, adaptarse y seguir adelante. No significa no sufrir ni «aguantar todo»: un niño resiliente también se frustra, se entristece o tiene miedo. La diferencia está en que, con el tiempo y con apoyo, logra recuperarse y aprender de lo vivido.
Es importante aclararlo: ser resiliente no significa tolerar situaciones de maltrato o riesgo. Ante ellas, lo que corresponde es proteger al niño y buscar ayuda.
Adaptación, apoyo y recursos personales
La resiliencia no es algo con lo que se nace o no se nace. Es el resultado de una interacción entre el temperamento, las habilidades, las experiencias previas y, sobre todo, el apoyo de la familia y el entorno. La psicóloga Ann Masten la describió como una «magia ordinaria», porque surge de recursos cotidianos como los vínculos afectivos, las rutinas y las oportunidades para aprender.
Qué factores pueden favorecer la resiliencia infantil
El cariño y el afecto son la base. Sobre ellos se pueden trabajar percepciones, pensamientos, emociones y conductas que ayudan a los niños a enfrentar los cambios, a veces en casa y otras veces con la ayuda de un especialista.
Relaciones de confianza
Contar con al menos un adulto de confianza que lo escuche y lo acompañe es uno de los factores más importantes. También ayuda que el niño aprenda a socializar, a cultivar y valorar sus amistades, y a ponerse en el lugar del otro. Así va construyendo una red de apoyo que lo sostiene en los momentos difíciles.
Las personas resilientes saben que pueden pedir ayuda. Muchos adultos ven pedir un favor como una señal de debilidad, por eso es importante enseñar a los niños, desde pequeños, que pedir ayuda está bien y que trabajar en equipo nos hace más fuertes.
Oportunidades para aprender del error
- Autoconocimiento, autoconfianza y autoestima: ayudarlos a reconocer sus fortalezas y a trabajar lo que les cuesta, con metas realistas que puedan alcanzar.
- Autonomía: participar en las tareas de la casa, en su autocuidado y en rutinas les muestra que pueden influir en lo que sucede a su alrededor.
- Salir de la zona de confort: dejar que se equivoquen y que intenten cosas nuevas les enseña que el error es parte de aprender.
- Funciones ejecutivas: trabajar la flexibilidad y el control de impulsos les ayuda a adaptarse y buscar alternativas. Te contamos más en actividades para trabajar funciones ejecutivas en niños.
Cómo acompañar ante dificultades cotidianas
Perder un partido, pelearse con un amigo, sacar una mala nota o mudarse son situaciones comunes en las que podemos acompañar la resiliencia.
Escuchar lo ocurrido y reconocer emociones
Antes de dar soluciones, escucha lo que pasó y ayuda a tu hijo a ponerle nombre a lo que siente: «parece que te sentiste triste cuando no te eligieron». Reconocer la emoción le ayuda a entenderla y calmarse. Si quieres profundizar, revisa nuestro artículo sobre inteligencia emocional.
Buscar alternativas y pedir ayuda
Una vez más tranquilo, pueden pensar juntos qué se puede hacer: «¿qué podrías intentar la próxima vez?» o «¿a quién le podrías pedir ayuda?». Si la tristeza, el miedo o el cambio de conducta se mantienen en el tiempo o afectan su día a día, es importante buscar el apoyo del colegio o de un profesional.
Actividades y conversaciones para familias
No hay recetas únicas, pero algunas prácticas sencillas ayudan a fortalecer la resiliencia en casa.
Narrar experiencias y reconocer progresos
- Cuenta a tus hijos alguna dificultad que viviste y cómo la superaste.
- Al final del día, conversen sobre algo que les costó y cómo lo resolvieron.
- Reconoce el esfuerzo y los avances, no solo los resultados: «te costó, pero seguiste intentándolo».
- Lean cuentos en los que los personajes enfrenten problemas y conversen sobre cómo los resolvieron.
Qué puede aportar la escuela
El futuro de nuestros niños será un entorno de cambio permanente. Por eso, trabajar la inteligencia emocional y la resiliencia es parte de la tarea del colegio, junto con la familia.
Pertenencia y colaboración entre adultos
Un colegio donde el niño se siente parte, con docentes que lo conocen y lo acompañan, es un espacio que favorece la resiliencia. La colaboración entre familia y escuela permite dar respuestas coherentes y detectar a tiempo cuándo un niño necesita más apoyo.
En el Colegio Brüning el vínculo afectivo y el desarrollo emocional están en el centro de nuestra propuesta educativa. Conoce más en nuestra Propuesta Educativa.
✍: Alicia Montenegro – Maestra y Fundadora